fbpx

En esta ocasión abordaremos un tema que suele ser de gran interés para muchos padres y que suele desatar un debate sobre las diferentes formas de disciplinar o educar a los niños (as). Desde prácticas parentales que aseguran que “más vale un golpe a tiempo” a otras que pueden llegar a ser sumamente permisivas y sobreprotectoras con tal de evitar malestar en los infantes, con tal de “que sean felices”.

Como ya podrás estar pensando, a la larga ninguna de las dos posturas suele dar buenos resultados, pues aunque puedan resolver de forma momentánea una situación suele traer consecuencias colaterales. Si das un golpe para que tu hijo deje de hacer algo que consideras inapropiado es posible que deje de hacerlo en ese momento pero también aprende que golpear es una forma lícita de resolver problemas o que las personas que los quieren tienen derecho a golpearlos por “su bien” ¿No te suena a caldo de cultivo para las relaciones de maltrato? (Véase: De Chanclazos y cómo acabar con la corrupción y violencia de género).  Por otro lado, si resuelves por ellos todo reto o dificultad que se presente, aprenderán que solo tú sabes que hacer y que ellos están a merced de un mundo que está fuera de su control.

Antes de entrar más en materia, recuerda que lo principal antes de pensar en castigos y consecuencias es escuchar y procurar entender lo que está ocurriendo con tus hijos (Para ampliar este punto puedes ver: ¿Por qué mi hijo (a) no me hace caso?).

Ahora bien, muchos padres llegan a sentirse desarmados cuando comienzan a recibir información sobre las consecuencias negativas de las prácticas extremistas y pueden pensar: “Bien, ya no debo pegarles ni gritarles a mis hijos y los castigos tampoco me están funcionando, pero si no hago nada serán niños mal educados. Entonces ¿Ahora qué? ¿Qué debo hacer?”

He de decirte que aquí no te diremos “que debes hacer”, solo compartiremos algunas estrategias que puedas a agregar a tu “kit de herramientas parental”, y que puedas llegar a usar de acuerdo al conocimiento que tengas de tu hijo (a),  ya que el experto en tus hijos eres tú y nadie mejor para hacer las adaptaciones necesarias.

Empecemos por entender qué diferencia hay entre un castigo y una consecuencia.

Castigos

Un castigo suele ser una sanción por un mal comportamiento, que puede implicar dar algo desagradable, como un golpe, un fuerte regaño o retirar algo agradable, como ver televisión, jugar videojuegos o salir a jugar con los amigos. Y aunque no se diga así explícitamente, la lógica para usar castigos suele ser: “que el niño (o) sufra un poco para que no le queden ganas de volver a hacerlo”, “para que aprenda que eso no se hace”. Puede llegar a ser una educación a partir del dolor y el temor.

Los castigos sin duda enseñan cosas a los niños, aunque no necesariamente lo que tú quieres que aprendan. Además, suelen tener muchos problemas al aplicarse, a veces, los padres sin darse cuenta, los usan  como una descarga de su enojo acumulado y luego no pueden mantener su palabra ¿Te ha pasado que después de ponerle diez castigos a tu hijo, te das cuenta que fue demasiado? O como ya se te pasó el enojo “lo perdonas” y días después te vuelves a arrepentir porque resulta que ya no te cree cuando le dices que lo castigarás o parece que no le importa el castigo y vuelve a tener un mal comportamiento. Se vuelve un enredo donde todos terminan confundidos.

Consecuencias

Una consecuencia, por otro lado, es aquello que deriva de un acontecimiento de forma natural o lógica. Vamos a entenderlo con algunos ejemplos: ¿Qué pasa si hace frio y no llevas suéter? Te dará frio; ¿Si faltas a tu trabajo sin avisar? Seguramente te descontarían el día o tendrías que reponer tu trabajo quedándote horas extras después; ¿Si tienes un boleto de autobús y llegas tarde? Claro, el autobús te dejaría, habrías perdido tu dinero del boleto y ya no llegarías a tiempo al lugar de tu destino.

Ahora bien, el hecho de afrontar las consecuencias de nuestros actos implica asumir ciertas responsabilidades, además de ser una invitación a aprender de la experiencia para modificar nuestro comportamiento en el futuro.   Las consecuencias son más fáciles de relacionar con la vida cotidiana ya que con frecuencia pueden predecirse y entonces pueden ser valoradas. El hecho de que tengan relación con lo acontecido hace que tengan sentido para la persona.

Si siempre les quitas la televisión a tus hijos por todo mal comportamiento, termina siendo tan absurdo como si a ti te prohibieran ver tu serie favorita por faltar al trabajo. No tiene sentido ni relación.

Ahora quizá te estés preguntando cómo puedes aplicar esto a la educación de tus hijos.

¿Cómo aplicarlo?

  1. Siempre que sea posible comunica a tu hijo cuáles pueden ser las consecuencias de sus actos. Eso ayuda que las valore y a responsabilizarse de ellas con conocimiento de causa. Por ejemplo: “si continuas tardándote en las mañanas para salir a la escuela, tendrás que levantarte más temprano mañana”.
  2. Debes cuidar primero de ti como padre o madre, si no estás en control de ti mismo por el enojo o la frustración que puedas estar sintiendo, no es buen momento de tomar acción con tus hijos o terminarás haciendo o diciendo cosas de las que te podrías arrepentir, date un momento.
  3. Escucha a tu hijo y procura entender qué fue lo que ocurrió y como puede estarse sintiendo.
  4. Ayúdale a ver cuáles son las consecuencias que derivarán de sus acciones y piensen como podría reparar.

Por ejemplo, si no termina un trabajo en la escuela tendrá que terminarlo en casa; si constantemente pierde su lápiz en la escuela, el próximo lápiz podría comprarlo con su propio dinero; si lastimó a alguien podría pedir una disculpa y ver cómo hacer sentir mejor a esa persona; si tuvo malas calificaciones en un periodo escolar habrá que ver cuáles son las causas y procurar modificarlas, quizá implique tener que estudiar con más días de anticipación al examen o  ir a un curso extra donde puedan explicarle lo que le sea difícil; si no termina de hacer las labores que le tocan en casa a cierta hora, tendrá menos tiempo para ver televisión después (en éste ejemplo el tiempo de tv sí tiene que ver con lo que pasa).

Te estarás dando cuenta que aplicar consecuencias definitivamente no es lo mismo que castigar, te implica reflexionar, entender lo  ocurrido y ayudar a tu hijo a identificar y asumir las consecuencias como parte de la vida. Además, les ahorra a ambos,  peleas, culpas y confusiones.

Las consecuencias a veces serán sencillas de asumir y otras no tanto, no siempre estará feliz y te tocará validar su malestar, así como reconocer sus fortalezas mientras lo acompañas  a ser responsable.

 

Una pequeña anécdota a modo de ejemplo

Te contaré una escena de la que fui testigo hace unos años.

Estaba de visita en casa de una amiga y a la hora de la comida éramos varios adultos y una niña pequeña de unos 5 años. Habían pasado unos minutos de que estábamos todos sentados, cuando de repente la pequeña quiso alcanzar un vaso con agua y lo derramó sobre la mesa.

¿Qué crees que pasó después? ¿Cuál habrá sido la reacción de los demás?

Quizá pensaste lo mismo que yo en ese momento, que la regañarían y algún adulto limpiaría la mesa.  Bueno, pues no fue así, lo que ocurrió a continuación me sorprendió gratamente.

Lo primero que le preguntaron fue si ella estaba bien, así era,  y acto seguido le indicaron dónde estaba el trapo de la cocina para que fuera por él y secara la mesa, mientras todos los demás seguían comiendo con tranquilidad.

Ella fue y trajo lo necesario para secar, al terminar dijo con satisfacción que ya había terminado y se volvió a sentar para terminar de comer.

No hubo gritos, reclamos, ni castigos. Nadie tuvo que “hacerla sufrir” para que aprendiera, y lo que le promovieron no fue el no derramar un vaso, sino a asumir las consecuencias con responsabilidad y reparación y sobre todo, fue tratada con respeto.

Estas pequeñas acciones y reacciones hacen eco a traves del tiempo, tanto  que sigo contando esta historia a los padres de mis pacientes y en los talleres  para padres, y ahora ¡tu la estás leyendo aquí! ¡Imagínate todo lo que aprenderá tu hijo en otras situaciones más complejas que las del ejemplo anterior!

¿Quieres recibir asesoría personal en la comodidad de tu hogar, ya sea de crianza o lactancia? AQUÍ encontrarás a los mejores profesionales enfocados en crianza natural y respetuosa. Agenda tu cita y disfruta con más plenitud de esta gran experiencia.

 

Blanca Nava
Cuento con una maestría en psicología (U.N.A.M) y poseo amplia experiencia como terapeuta infantil y en orientación a padres tanto en institución como en privado.
Programadora y facilitadora de talleres para niños y padres en diversas temáticas como manejo de emociones, autoestima, autocuidado, límites, manejo de conflictos, comunicación, atención en crisis ante desastres naturales, prácticas parentales, entre otros.
He sido ponente en congresos y coloquios de psicología a nivel nacional e internacional.

¡Sorpresa! Con sólo tu email tendrás gratis la guía "manejando Berrinches" además de descuentos exclusivos ;)

Tendrás acceso a descuentos exclusivos y recursos gratuitos, puedes cancelar cuando gustes.

Manejando berrinches

¡Bienvenido!, Verifica tu correo para descargar tu guía