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Quizá te has hecho muchas veces ésta pregunta o has pensado “Si ya le expliqué las cosas, ¿Por qué no deja de hacer berrinche, o de oponerse, o de llorar?” Con frecuencia puedes llegar a sentirte frustrado (a) porque pese a tu buena voluntad de dar explicaciones razonables, tus hijos  siguen enojados, tristes o lanzando cosas por los aires.

Cuando recibo a padres en consulta,  suele haber una demanda inicial, a veces manifiesta, a veces latente que dice “Dime qué le hago o digo a mi hijo (a) para que obedezca o para que mejore su comportamiento”.

Si lo observas y logras identificar alguna de las situaciones anteriores en ti, te invito a que lo reflexiones y veamos juntos que estas ideas están en función de la molestia o incomodidad que le provoca al adulto la situación, el problema parece ser que el adulto se siente impotente y molesto por qué su hijo “no lo entiende”. El niño (a), no entiende que papá o mamá llevan prisa, no entiende que ya es tarde y debe dormir, no entiende que todos lo voltean a ver mientras hace berrinche en el centro comercial, no entiende a los “pobres” adultos que ya no saben qué hacer con él.

¿Cuál es el primer paso?

La primer cuestión que debes considerar es que no existen “palabras mágicas ni recetas” para la crianza y aunque sí existen “técnicas o estrategias” estas no sirven de mucho si no logras conectar con tu hijo (a).

El ejercicio que te invito a hacer siempre, es cuestionarte, detenerte y no ceder al impulso de querer “solucionar de tajo” para cubrir tu necesidad de adulto, la cual es importante, pero durante la crianza debe dar un espacio a la necesidad de alguien más, tu hijo (a).

Ya quedó claro que muchas veces “tu hijo (a) no te entiende”, pero aquí viene el paso previo que suele darse por sentado: ¿Tu sí lo (la) entiendes?  ¿Sabes qué desencadenó su reacción? ¿Cómo está interpretando la situación? ¿Qué emociones está experimentando? ¿Eres empático con él?  Es ésta capacidad reflexiva la que hay que ejercitar  para poder acercarte a tus hijos. Ellos desarrollarán  escucha y empatía en la medida que se sientan escuchados y comprendidos.

Nada surge de la nada

Detrás de todo mal comportamiento o desregulación emocional hay una necesidad no cubierta y a falta de recursos para cubrirla o palabras para expresarla, se actúa (pegando, llorando, oponiéndose, tirándose al piso). Es aquí donde el acompañamiento, contención y autocontrol de los padres o cuidadores es esencial.

 

La historia de Bruno

Te contaré una situación totalmente real para ejemplificar algunas de las ideas antes dichas:

Bruno de 5 años, está muy entretenido jugando con su primo Luis, se les ve muy divertidos, mientras sus papás platican con sus tíos. Más tarde, los padres comienzan a ponerse sus abrigos para salir.

Papá: Bruno, ya recoge tus cosas ya nos vamos.

Bruno: Otro ratito papá.

Papá: No, siempre dices eso, ya nos tenemos que ir, es muy tarde y tienes que llegar a dormir para ir mañana a la escuela.

Bruno: No, yo me quedo.

Papá: Te estoy hablando bien, ya vámonos.

Bruno: Váyanse ustedes, y no quiero ir a la escuela.

Mamá: Tienes que ir a la escuela, es importante, si no, vas a ser un burro.

Bruno: No me importa, yo me quedo (continúa jugando).

Papá: Ya guarda los juguetes y párate rápido (alzando la voz).

Bruno ya ni lo mira y continúa en lo suyo.

Mamá voltea a ver el reloj y se acerca a Bruno para levantarlo por el brazo. El niño empieza a llorar y le da un “manazo” gritando “¡no!”.

Mamá: ¡No me pegues! (le da una “nalgada” a Bruno). Ya te lo explicamos y tú no entiendes, no te tienes que poner así, ya no te vamos a traer de nuevo con tu primo  y vas a estar castigado por hacer berrinche y no obedecer.

Bruno se tira al piso llorando y pataleando, papá lo tiene que levantar cargando y forcejeando lo lleva al coche. Los padres de Bruno se disculpan por la escena y se despiden con un gesto de pena. Bruno se va llorando en el asiento trasero del auto.

¿Te parece familiar la escena? ¿Qué pasó? Si los papás fueron amables, en un principio, y le dieron razones lógicas ¿Por qué Bruno se comportó así?

 

Reflexionemos

  • Parece que para Bruno fue muy repentino el aviso de papá para terminar el juego, él estaba muy entretenido y divertido ¿Cómo adulto nunca te ha pasado que quieras quedarte más tiempo? ¿En las mañanas no te tomas “5 minutos más” en la cama? Quizá necesita que le den un aviso previo para poder despedirse y asimilar que ya va a terminar el tiempo de estar ahí. Separarse de lo que nos gusta no es fácil.
  • Papá y mamá quisieron ser razonables, pero no validaron la emoción de Bruno. Bruno no estaba siendo entendido, quizá lo hubieran calmado frases que validaran su malestar: “Estás muy divertido y quisieras continuar jugando, pero es hora de irnos”, “esto te está enojando mucho, pero no podemos lastimarnos”, “entiendo que te guste estar con tu primo pero por hoy el tiempo de juego ha terminado, es hora de ir a casa”, “tal vez te sentiste asustado, molesto o lastimado cuando te tomé del brazo y quisiste defenderte, pero aquí nos cuidamos, no se vale pegar”. Si te das cuenta en estas frases, siempre atiendes la emoción primero y después la razón. Primero, se ha de atender la necesidad emocional del niño de sentirse comprendido y luego la nuestra de razonar con él o ella.

El ejercicio de la paternidad es complejo, como seguro ya lo sabes, y habrá muchas oportunidades de seguir reflexionando juntos sobre ella. Por lo pronto recuerda dos puntos esenciales:

  • La capacidad de autorreflexión sobre tu actuar de padre o madre y sobre la forma de actuar de tus hijos, te dará la luz que necesitas para saber hacia dónde caminar. Está capacidad la debes ejercitar día a día, siempre detente y cuestiónate lo que está pasando antes de actuar.
  • Detrás de todo mal comportamiento o desregulación emocional de tu hijo (a) hay una necesidad no cubierta, averigua cuál es.

 

Algunos recursos que pueden servirte son los siguientes libros, aunque te adelanto que en todos ellos encontrarás que los primeros pasos será tu trabajo personal y entrenar tu capacidad de comprensión de tus hijos. Las estrategias son un segundo peldaño, pero no te saltes el primero o podrías “caer”:

Barocio, R. (2004). Disciplina con Amor. México: Pax.

Faber, A. y Mazlish, E. (2009). Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen.  México: Diana.

Runkel, H. (2011). Paternidad libre de gritos. México: Trillas.

 

Blanca Nava
Cuento con una maestría en psicología (U.N.A.M) y poseo amplia experiencia como terapeuta infantil y en orientación a padres tanto en institución como en privado.
Programadora y facilitadora de talleres para niños y padres en diversas temáticas como manejo de emociones, autoestima, autocuidado, límites, manejo de conflictos, comunicación, atención en crisis ante desastres naturales, prácticas parentales, entre otros.
He sido ponente en congresos y coloquios de psicología a nivel nacional e internacional.

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